lunes, 23 de marzo de 2015

Hombre que mira al cielo

El hombre que cuando escribe mira al cielo,
es el que se eleva en cada letra,
El hombre que no ignora a las estrellas en las noches,
el hombre que busca la verdad,
es aquel a quién será entregado el cielo, las estrellas y la verdad.
Un día yo vi a uno de ésos hombres, tan vagos, tan dichosos,
siempre insatisfechos, inconformes, lo vi caminando
y tenía más años de los que había vivido.
Existe algo dicen muchos, la memoria universal, que conocen pocos.
Quien se busca se encuentra, y quien se encuentra recuerda lo que ya vivió.
 Hay algo, rumoran las chismosas por las calles llamado alma, ecencia, espíritu,
llamado por muchos, es cierto, conocido por pocos.
¿Por qué le temerán las nuevas generaciones a éste éter tan sagrado que los conforma?
¿Por qué ignorarán lo que existe detrás de tantas ilusiones, intereses, y vanidades?

Las estrellas, el cielo y la verdad están y estarán siempre allí, dicen unos.
Pero digo yo, que hace falta mirar al cielo y no a la tierra.

Introspección

Para todo hombre le ha de llegar
la sed alguna vez,
ése estar conociendo extraños
que lucen tan conocidos,
ése "estoy en el lugar correcto"
por primera vez.

Para todo hombre sediento,
le llegará la sensación de
que afuera, a través de las dos ventanas,
llamadas ojos, ya no hay tanto que mirar.

Y éste hombre, si tiene suerte,
se dará la media vuelta,
ignorará la ventana,
y mirará para atrás.

Éste hombre sabrá que aquellos rostros
siempre fueron conocidos,
y que dentro del cuarto, dentro de sí mismo,
hay más belleza y espacio,
que en todo el exterior de la ventana.

La boca seca: De soledad

Tengo, tanto tengo,
la boca seca,
la sed de vivir,
el llanto atorado
en alguna parte,
que ya no conozco,
Y olvidé aquel día,
que todo se olvidó.

Me llegan, de vez en cuando,
recuerdos de lo pasado,
sombra que nunca fui,
pero seré.

Tengo después de todo,
el paragüas que fabriqué
en alguna tormenta que ya viví.

Me queda le verano, me quedan las duchas,
me quedan los amigos, me quedo yo misma: al rededor de tanta ausencia

Hay tipos de soledad, digo yo:
El estar en sequía de cariño,
o el estar sólo, sin uno mismo.

Solo, solo, porque a la vida se llega así, así se enfrenta,
con la boca seca, con la resaca de lo que no recordamos haber hecho.

Estamos solos, es cierto: pero no mal acompañados.
¿Te digo algo? Aún nos tenemos a nosotros mismos.

A ésos ojos fijos

Gota a gota, lágrima a beso,
exprimes de éste cuerpo tan frágil
el jugo de mi éter que me hace latir,
bebes la sangre, el motivo, lo degustas
como los viejos prueban viejos vinos.

Paso a paso, bache a sendero,
me persigue el vértigo que soy,
tambaleando de un hilo, de este
momento tan frágil, le temo a caer

¿Cómo es que yo, siendo un suspiro a penas,
un minuto del tiempo en esta vasta eternidad,
tan, tan frágil, quiero guardarte en algún cajón?

¿Será que entre tantos sordos, tienes los oídos de lupa,
más sensibles, los más sinceros, los más humanos?

¿Será que me escuchas más que yo misma?
¿Será que entre perdidos, siempre nos andamos encontrando?

Cartas a mi depresión: El pantano

En éste pantano donde aveces decidimos sumergirnos, hay muchas trampas Y voces que gritan que no saldremos nunca. En éste pantano espeso, Uno se vuelve más fuerte cada día, Y también más sucio más cansado, Más pantano. En este pantano deprimido Encuentras criaturas y monstruos Que antes, en el bosque no conocías. Encuentras en el pantano de vez en cuando una rosa, de vez en cuando una vida, De vez en cuando un verso en prosa, pero nunca una salida. En éste pantano hay muertos, que se hundieron sin saber cómo salir, en éste pantano en donde estamos dentro, siempre está la duda de vivir o morir.

A la alcohólica que más amo

Yo sé lo que se siente estar en una botella, donde nada entra, nada entra, donde hasta tus murmullos ensordecen, y hace falta gritar para salir de ella, un grito agudo, un viento fuerte. Yo sé, yo te entiendo, el desahogo, la poesía como método de supervivencia, entiendo tu tristeza, tu mitad medio vacía, medio llena, como la botella, la botella en que me ahogo, en la que te ahogas, en la que sé que te embriagas y te pierdes entre gritos que nadie escucha, por estar en la botella. ¿Qué te diré? nadie dijo que sería fácil. Yo también sé, te lo he dicho, que se caiga la botella, que se rompa en mil pedazos, que hiera, que hiera, que duela y que sangres aún sin levantarte, días, semanas, vidas sangrando, mírame, yo sigo sangrando, pero ahora sí te escuchan, ahora sí te escucho, ahora te escuchas, ahora no estás atrapado, déjame tirarte la botella, déjame escuchar como lloras por ella, por tu charco de felicidad fermentada, que ahora, tú sabes, ya es tristeza. Entiende que se escucha ya tu grito ahogado y borracho, tu voluntad embriagada, donde no cabes tú, donde menos quepo yo, donde no cabe la razón. Vas a llorar, va a doler, no porque te toca, sino porque todo duele y debe de y extrañarás estar allá, dentro, donde nada se escucha, nada entra, nada entra, nada, ni el ruido de los autos, ni el humano herido, ni tu alma que grita que se ahoga, no entra ni la luz, ni la familia, no entran los sueños a largo plazo, donde ya no entra más que líquido, que orinas más tarde, líquidos que ya te tienen bien ahogado, por la botella, por tu botella que tú te has creado.

Te llamo


Te llamo, entre el ruido y la estática,

entre la ceniza de la llama
que encendimos una vez,
y le soplo a la chispa que quedó y que quedará.
Te llamó, después de un tiempo lento de tortuga, nada de tiempo, para un corredor como tú, tan de prisa vas, se te hace tarde, siempre al último minuto, siempre en el último instante estás.
Te llamo y estás allí, entre pianos y gente que te deja palabras y recuerdos, estas ahí tan rodeado que te llamo... y no sé para qué te llamo.
Te llamo, quizá porque en otra vida prometí llamarte, quizá porque sí y nada más , y tan sinceros llamándonos nos dijimos todo lo que la indiferencia silenció alguna vez.
Y te cuelgo pensando en ésos peculiares ojos sabios donde concibes todo aquello que me maravilla al maravillarte a ti, te cuelgo mientras miro la ventana donde me llueves, donde te llamo entre silencios y distancias, donde el cielo traza un llamado hasta tu morada, donde la voz sobra, cuando todo ya está dicho, cuando uno llama sin llamada, cuando el otro recibe la llamada ente sueños y pestañas cerradas, y dormida te llamo y dormido me contestas: "Qué bueno que has llamado"

martes, 10 de febrero de 2015

Lluvia de lluvias

"Hoy se separó el agua en mil pedazos. Hoy llueve noche y llueve vida en el pasar de los furiosos carros. Y en el rebote de algún charco, salpican luces en reflejos del camino que voy marcando con mis decididos pasos. Se respira frío y se lo lleva el viento. Se va corriendo al pasar del tiempo y en un segundo, o menos, me pregunto si habrá un rumbo para perderse en el mundo, y para vivir un gran momento. Para adherir lo que voy viviendo a una caja donde guardar los sueños, donde comience a partir de cero, ¿qué daría yo porque el humo no se esfumara? que no tuvieses que llegar a tu casa y nos quedásemos infinitas horas a ver el cielo y el agua partirse en gotas de lluvia en la noche estrellada. ¡Pero todos a sus lugares! y ahora mis pulmones ansían extrañar tu constante olor descuidado a tabaco. Cuando fumas, el humo rebela las formas de tu alma perturbada y suicida, tu esencia de viento, y tu personalidad tan efímera y espontánea. Como el viento, como esta noche de frío violento. Tan poéta, tan adicto, tan dulce y depresivo, tu entusiasmo me conmueve y mis pupilas son testigos. Maldita y bendita noche en el que el tiempo nos separa, pero la lluvia y el recuerdo el momento en algún lugar ampara."

El cigarro a medias

Últimamente lo dejo todo a medias. Hasta el cigarro, y tu amor, medio olvidado, casi extinguiendose pero siempre con la misma llama en peligro de incendio. Disculpa, si me la paso buscandole vueltas al asunto tan recto. Discúlpame por dibujarte, por usar tus trazos de premio de consolación, pero es que es difícil, ver como el tiempo corre y pisa todo en su camino. Es difícil caminar sabiendo volar. Y te veo a ti, lejano lejano, y saboreo tu recuerdo o lo que me queda de él. cuando sólo eramos tú yo y el callado mundo. Quien diría que el amor es la mejor de las ilusiones. Melancolía, lo que queda, y arrugando estas letras te escribo de noche cuando tu olvido me pesa... cuánto me pesa.

Y sé que absurda, sólo voy gritándole al vacío, gritando en una cueva de voces que nadie escucha, el llanto de los que extrañan lo que tenían, siempre solitarios, siempre ignorados, ¿y yo? y yo nada que me atrevo a decirte todo esto. Que añoro tenerte a mi lado de vuelta, y que eras viento volátil en mi pecho, llenaste mis días de suspiros y mis noches de furiosos versos. Y ahora que decidiste hacerte tan difícil, ahora que no eres mío y te has ido, te encuentro en un par de canciones que tarareo como himno de lo vivido. Y me preocupo, pues cada vez es menos claro aquel ayer. Cada sueño es más corto, y cuando menos me lo espero es fin de mes. Pues mi vida va de prisa sin ti.Y pues, últimamente todo lo dejo a medias, hasta los dibujos, hasta esto que te escribo y no te envio.. y sólo espero terminar de quererte de una vez.

Acorde de acordeón

"Estoy enamorada de una sensación, tu barba en mi piel, el movimiento de cada partícula texturizada, despedaza, me roba uno o dos alientos y me deja sin más, sin respirar. Estoy enamorada de tus dedos creadores que acarician mi espalda, que dibujan la Mona Lisa trazando la caricia más perfecta y juguetona, como la mirada de un gato pequeño. Enciende, sensibiliza, me vuelve más humana cada vez. Tu respiración en mi cuello, el desdén de un músico en mis adentros y tan adentro que se mueve hasta el centro y vuelve a salir al exterior como un fino acorde de acordeón"

Dejar correr las nubes...

"Mi sensación favorita al dejar correr al tiempo furioso es tomar tu torso con mis brazos y recordarme a mí misma que quizás exista una forma de escapar de la monotonía de vez en cuando.

De perderse, de hablar y hablar para dejar correr a las nubes furiosas de lado a otro, mientras el mundo se detiene quizás por unos instantes en los que unimos labios como dos órganos sensibles en busca de respuesta, en búsqueda del todo y de la nada. De perderse y encontrarse en la eterna contradicción de lo efímero y duradero. El cerrar los ojos para ver el grito del alma que aclama libertad, que lucha por abandonar el cuerpo y volar. Tú, la tarde, el tiempo y las nubes. Se toman de los brazos para ser uno solo en esta linda e inexplicable forma de suspirar. De inhalar momentos y exhalar minutos, y cuando menoms te lo esperas suena la alarma de la rutina y es hora de irse. De abandonar al detective y coleccionista de gestos que sirve de reflejo en el encandilante brillo del sentir. "

Conocí el amor, y lo dejé ir.

“La energía no se crea ni se destruye tan sólo se transforma”
¿qué vida tuvo antes, este amor que me acongoja?
Llegó justo de pequeños, cuando de amor no sabíamos nada,
Llegó arrastrándonos inmersos, llegó pateándonos la espalda.
Venía de Lejos, quizás de España, venía volando, venía lejana.
Antes de que ese amor fuese nuestro, pasó por muchas manos…
quizá el amor de dos hermanos, quizá de Dios a los humanos…
¿Te fijas entonces, el poder de amarnos tanto?
¡Pero qué va! ¿Por qué tan rápido tuvo que irse eso tan profundo?
¿Por qué lo bueno llega para irse, y para tocar al fondo tuyo?
¿Por qué la vida nos juega tantas bromas?
¿Por qué el amor llega cuando más lo ignoras?
¿Por qué sólo viene una vez? ¡Y te hace necesitarlo!
¡Qué irónico es el mundo! Qué martirio y qué regalo.
¿Por qué no llega ahora que lo busco tanto? ¡Amor distinto! ¡Amor tan raro!
Aún recuerdo aquel Noviembre, donde fue nuestro durante unos meses,
distraída lo dejé pasar, el peor error, que nunca debes de olvidar.
Al verlo de lejos yo observaba, ¡que de mi vida era lo que yo buscaba!
amar sin condiciones, sin excusas ni prisas… ¿cómo iba a saberlo entonces, siendo una niña?
y del amor queda ya, sólo el recuerdo que anhelaba…
y eso que de pequeña, no creía en los cuentos de hadas,
lo busco y lo confundo con otras diversiones, con lujuria, con cariño, con encuentros y pasiones…
¡Qué maldad la del amor, y qué sencillo fue de jóvenes!
Y entonces, si ese amor se transformó y se fue de golpe…
este verso va para el que se lo tope,
que no confunda el oro con el cobre,
quien lo encuentre, que no lo gaste, que no sea torpe…
que no lo pierda, que lo valore,
que lo guarde y que lo entienda,
Que se irá pronto a dar vueltas, a jugar con los poetas…
a vagar por el planeta…
¡Pero cuidado! ¡Que después de él no queda nada!
¡Pero confíen, que vale la pena llorar si es por tu amada!

Volver a la soledad


Me han robado tus labios, y todo parece estar callado,

la luna no salió, no hoy, hoy es la noche negra, hoy mi alma está en pena…
mi alma está de luto, se está echando unos tragos con la soledad,
se está fumando un puro con el dolor,
Y ninguno de los tres muere, sólo muero yo.
¿Qué pasa cuando nada queda?
¿Qué pasa cuando caes y no te puedes levantar?
Hasta el sol se extingue y así me extingo yo,
clico tras ciclo, veo el vaivén de mi dolor,
a veces llega un placer o a veces llegan dos,
pero siempre vuelvo a ti dichosa soledad.
Siempre caigo desnuda a tu andar.


Tan cerca y tan lejos

Escribí esto al que se sentó al lado de mí en el camión y nunca lo entregué:

Estás ahí, en el asiento de a lado, a poca distancia mía y a kilómetros de dudas. Tu iris es el punto de fuga. Somos los no destinados, los nunca antes vistos, y hoy pegados en un camión. Quisiera hablarte, cuánto quisiera, para escucharme, para escucharte; igual valdría la pena. ¿Quién lo sabrá? Nadie recuerda lo que nunca pasó. En este punto en que dos líneas se cruzan, tan lejanos de nuestro origen y al mismo tiempo, tal lejanos al final de la ruta ¡somos más viejos que nunca! Y no lo digo yo, lo pronuncia la vida, estamos donde debemos estar, pues todo lo antes vivido nos trajo aquí, a este mar, en un pilar de coincidencias llamado destino que nos avienta sin saber nadar. Nos obliga a encontrarnos de la forma más casual y menos íntima. Que nos encadena a estar tan cerca callados por el mismo silencio, hoy nos toca ser desconocidos, en otras vidas ¿quién sabrá lo que fuimos? Se me ocurrió escribirte esto, a ti, desconocido, sólo para que el “tal vez” sea más soportable y menos aburrido, quizá, para justificar mi estúpida cobardía. Quizá era el verdadero destino, toparnos para plasmarlo y no para vivirlo. Yo me pregunto… ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Doblé este papel y nunca lo entregué, en la siguiente estación me bajé, ahora lo entiendo, lo mismo que nos hizo vernos, planeó nunca habernos conocido.

Florero sin flor

La vida, me hizo una imprudente pregunta, ¿Qué sería de mí sin el amor? A lo que escribí lo siguiente:
“Sin ti, amor y todo lo que ocultas detrás de aquellas cuatro letras, se extingue el último propósito lógico de sobrevivir a este vacío inconsciente, incoherente. Sin ti, simplemente dejo de existir, y se desvanece cualquier tipo , detengo mi búsqueda, la que sea, y olvido mi muerte; olvido la vida misma. Sin ti la dicha no es suficiente. No hay cordura, sin ti yo soy inerte, sin ti por el mundo, sin ti soy un ente solamente. Y aunque tú amor, pareces inexistente, eres más que una simple palabra, eres creador de mi cuerpo y de mi mente. Sin ti, amor, y lo que sea que representes, soy un punto vagando entre el vacío y la nada, sin ti, amor ¡Sin ti yo no soy nada! ¿Y si, sin el amor nada soy.... no será que el amor soy yo? ¿Seré yo restos del eterno amor? ¿Del éter?"
La vida sin amor, sería igual o peor de vacía que un florero sin flor...