lunes, 23 de marzo de 2015

A la alcohólica que más amo

Yo sé lo que se siente estar en una botella, donde nada entra, nada entra, donde hasta tus murmullos ensordecen, y hace falta gritar para salir de ella, un grito agudo, un viento fuerte. Yo sé, yo te entiendo, el desahogo, la poesía como método de supervivencia, entiendo tu tristeza, tu mitad medio vacía, medio llena, como la botella, la botella en que me ahogo, en la que te ahogas, en la que sé que te embriagas y te pierdes entre gritos que nadie escucha, por estar en la botella. ¿Qué te diré? nadie dijo que sería fácil. Yo también sé, te lo he dicho, que se caiga la botella, que se rompa en mil pedazos, que hiera, que hiera, que duela y que sangres aún sin levantarte, días, semanas, vidas sangrando, mírame, yo sigo sangrando, pero ahora sí te escuchan, ahora sí te escucho, ahora te escuchas, ahora no estás atrapado, déjame tirarte la botella, déjame escuchar como lloras por ella, por tu charco de felicidad fermentada, que ahora, tú sabes, ya es tristeza. Entiende que se escucha ya tu grito ahogado y borracho, tu voluntad embriagada, donde no cabes tú, donde menos quepo yo, donde no cabe la razón. Vas a llorar, va a doler, no porque te toca, sino porque todo duele y debe de y extrañarás estar allá, dentro, donde nada se escucha, nada entra, nada entra, nada, ni el ruido de los autos, ni el humano herido, ni tu alma que grita que se ahoga, no entra ni la luz, ni la familia, no entran los sueños a largo plazo, donde ya no entra más que líquido, que orinas más tarde, líquidos que ya te tienen bien ahogado, por la botella, por tu botella que tú te has creado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario