martes, 10 de febrero de 2015

Tan cerca y tan lejos

Escribí esto al que se sentó al lado de mí en el camión y nunca lo entregué:

Estás ahí, en el asiento de a lado, a poca distancia mía y a kilómetros de dudas. Tu iris es el punto de fuga. Somos los no destinados, los nunca antes vistos, y hoy pegados en un camión. Quisiera hablarte, cuánto quisiera, para escucharme, para escucharte; igual valdría la pena. ¿Quién lo sabrá? Nadie recuerda lo que nunca pasó. En este punto en que dos líneas se cruzan, tan lejanos de nuestro origen y al mismo tiempo, tal lejanos al final de la ruta ¡somos más viejos que nunca! Y no lo digo yo, lo pronuncia la vida, estamos donde debemos estar, pues todo lo antes vivido nos trajo aquí, a este mar, en un pilar de coincidencias llamado destino que nos avienta sin saber nadar. Nos obliga a encontrarnos de la forma más casual y menos íntima. Que nos encadena a estar tan cerca callados por el mismo silencio, hoy nos toca ser desconocidos, en otras vidas ¿quién sabrá lo que fuimos? Se me ocurrió escribirte esto, a ti, desconocido, sólo para que el “tal vez” sea más soportable y menos aburrido, quizá, para justificar mi estúpida cobardía. Quizá era el verdadero destino, toparnos para plasmarlo y no para vivirlo. Yo me pregunto… ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Doblé este papel y nunca lo entregué, en la siguiente estación me bajé, ahora lo entiendo, lo mismo que nos hizo vernos, planeó nunca habernos conocido.

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